Análisis de hoja
Es la referencia para conocer el estado del olivo. La muestra se suele tomar en julio, de hojas del brote del año.
Cuándo abonar, cómo interpretar un análisis, qué cambia entre secano y riego, y cómo reconocer las carencias en la hoja.
Abonar sin datos suele acabar en gastar de más en un nutriente y quedarse corto en otro. Tres fuentes de información se complementan.
Es la referencia para conocer el estado del olivo. La muestra se suele tomar en julio, de hojas del brote del año.
Informa de la textura, la caliza, el pH y la materia orgánica. No hace falta repetirlo cada año.
Vemos sobre el terreno el vigor, el color de la hoja y la carga de fruto. Pídenos el tuyo.
Evita coger hojas justo después de un tratamiento foliar: el resultado puede salir alterado.
| Nutriente | Carencia por debajo de | Nivel adecuado |
|---|---|---|
| Nitrógeno (N) | 1,4 % | 1,5 – 2,0 % |
| Fósforo (P) | 0,05 % | 0,1 – 0,3 % |
| Potasio (K) | 0,4 % | Más de 0,8 % |
| Boro (B) | 14 ppm | 19 – 150 ppm |
Valores orientativos de hojas tomadas en julio. Cada laboratorio puede usar sus propios rangos, y hay que interpretarlos junto con la cosecha y el agua disponible.
Las fechas cambian con la zona, el año y el agua disponible.
| Momento | Qué se plantea |
|---|---|
| Otoño e invierno | Abonos de fondo con fósforo y potasio, aprovechando las lluvias. |
| Final del invierno | Primer aporte de nitrógeno, antes de que arranque la brotación. |
| Antes de la floración | Aplicación foliar de boro, si hay riesgo de carencia. |
| Primavera | En riego, nitrógeno repartido en varias veces. En secano, solo si la lluvia acompaña. |
| Verano | Análisis de hoja en julio. En riego, más potasio durante el engorde del fruto. |
El agua limita lo que el árbol puede aprovechar. Conviene ajustar el abono a la cosecha que se espera de forma realista y aplicar el abono sólido antes de un periodo de lluvia.
La carencia de potasio es frecuente en secano, porque la falta de agua dificulta su absorción. En esos casos, la aplicación foliar puede ser un buen complemento.
La fertirrigación permite repartir el abono en muchas dosis pequeñas y poner los nutrientes donde están las raíces activas. Se aprovecha mejor y se pierde menos.
Hacen falta abonos solubles y compatibles entre sí. Si mezclas varios en el tanque, compruébalo antes.
Los síntomas orientan, pero pueden confundirse entre sí o con otros problemas. Confírmalos con un análisis de hoja antes de corregir.
Verde oscuro por el haz, uniforme, con el nervio central bien marcado y la punta entera.
Te sirve de referencia para comparar.
Toda la hoja está de color verde pálido o amarillento, y los brotes son cortos, con poco vigor.
Se nota primero en las hojas viejas.
La punta de la hoja amarillea y se seca, y aumenta la caída de hoja.
Frecuente en secano y en años sin lluvia.
Las hojas jóvenes se ponen amarillas, pero los nervios siguen verdes. Es la clorosis férrica.
Típica de suelos muy calizos o encharcados.
Amarilleo que avanza hacia la punta en las hojas más viejas, mientras la base sigue verde.
Más probable en suelos ácidos o ligeros.
Mal cuajado y aceitunas deformes, con el extremo hundido: la conocida «cara de mono». A la izquierda, un fruto normal.
Más frecuente en suelos calizos.
Los dibujos son ilustraciones orientativas, no fotografías.
La idea de partida es reponer lo que se lleva la cosecha y lo que necesita el árbol para crecer. Por eso, un olivar joven, uno en plena producción y uno de secano con poca agua no necesitan lo mismo.
El análisis de hoja afina la decisión: si un nutriente ya está en un nivel adecuado, puede bastar con mantenerlo y dedicar el dinero a lo que realmente falta.
Ejemplo de cálculo: si te recomiendan 60 kg de N por hectárea y tienes 100 olivos por hectárea, con un 20-6-10 son 300 kg de abono por hectárea, unos 3 kg por árbol. La cifra de 60 kg es solo un ejemplo.
Un suelo con más materia orgánica retiene mejor el agua y los nutrientes. En el olivar, hay tres aliados a mano:
Echar la misma fórmula todos los años, sin análisis, puede acumular unos nutrientes y dejar otros cortos.
Una sola aplicación grande se pierde con más facilidad. Si se puede, es mejor repartirla.
Sin lluvia ni incorporación al suelo, parte del nitrógeno ureico se pierde como gas.
Las raíces que absorben están repartidas bajo la copa. Conviene distribuir el abono por esa zona.
Mirar solo el nitrógeno es habitual, pero el potasio influye en el fruto y en cómo aguanta el árbol la falta de agua.
Una hoja amarilla puede venir del suelo, del agua o de una enfermedad. Antes de comprar abono, conviene saber la causa.
Depende de la cosecha, de las reservas del suelo y del análisis de hoja. Lo razonable es reponer lo que el olivo se lleva y corregir las carencias que se detecten.
La urea tiene más nitrógeno por kilo (46 %) y el sulfato amónico menos (21 %), pero este último aporta además azufre y tiene una reacción ácida que puede interesar en suelos calizos.
El abonado al suelo es la base. El foliar sirve para corregir con rapidez o para complementar en momentos concretos, sobre todo con boro, potasio y otros nutrientes que cuesta absorber por la raíz.
En secano, si no llueve después de abonar, el abono se aprovecha mal. Por eso conviene mirar la previsión y no adelantar la aplicación sin motivo.
No. El joven necesita menos cantidad, repartida cerca de sus raíces y orientada al crecimiento. El adulto se ajusta a la cosecha.
Sí. Hay reglas sobre la nutrición de los suelos agrarios y límites específicos en las zonas vulnerables a nitratos. Pregúntanos qué te afecta según tu parcela.
Información general y orientativa. Para tu suelo y tu cultivo concretos, consúltanos y sigue siempre la etiqueta del producto.
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